El diccionario de la Real Academia Española define belleza como una propiedad de las cosas que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Considera que es una cualidad que puede encontrarse en la naturaleza, y en las obras literarias y artísticas.
Sin embargo, el concepto social de belleza, el que probablemente hemos generalizado y asumido como válido, es bien distinto.
En la sociedad global en la que estamos insertos, cada vez más grande y más homogénea, belleza y moda van de la mano. Es la moda la que determina qué cánones de belleza son válidos en cada momento.
Y puede que haya surgido como un intento de hacernos más iguales, de imitar unas tendencias que nos hagan sentir cómodos en un mundo en el que ser distinto es quedarse solo. El problema surge cuando, más allá de dictar qué maquillaje, ropa o peinado debemos llevar, la moda ejerce presión sobre lo que somos.
Es la industria la que mueve los hilos, y la que decide a qué debemos aspirar. Así, estamos continuamente sometidos a un bombardeo de imágenes que supuestamente reflejan la perfección y que nos imponemos como modelo de lo que debemos ser.
Pero ver belleza en lo que nos dicen que es bello, anhelar lo que nos dicen que es perfecto, es una postura demasiado cómoda, ¿no? Quizás deberíamos atrevernos a saltar fuera de nuestro círculo de confort y probar a encontrar belleza en la heterogeneidad y en la individualidad. O tratar de dar más importancia a las cosas que nos infunden deleite espiritual. A lo mejor, el resultado final, es incluso más placentero que sentirse una oveja más del rebaño.
Fuente: WEHEARTIT
¿Y tú, crees que las influencias sociales condicionan el concepto que tenemos de nosotros mismos y de los demás?
